Me perdí entre flores ajenas.
Pensé que más allá de los fuegos artificiales había una habitación, con vistas al mar, con chimenea y viento del norte. Un café y una luz amable para leer.
Me equivoqué. Y siendo malo no fue lo peor.
Había caído en la trampa otra vez. No, no hay nada más allá de los fuegos artificiales. Nada existe detrás de las palabras que pervertimos y mutilamos.
Ahí se queden, ¡ malditos !
Vuelvo a la habitación de donde nunca debería haber salido. Esa habitación de paredes infinitas y ventanas sin cristal.
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